miércoles, 12 de junio de 2013

ENFERMEDAD Y MORAL




ENFERMEDAD Y MORAL
(Una Poética)

Hay un programa radial ecológico: “Verde Claro”. En este programa que tiene una temática variadísima, desde la formas más naturales de alimentarse saludable y naturalmente, hasta formas de obtener energía amigable con el medio ambiente, pasando por el mundo de la medicalización de la vida, esa forma de vida surgida de los excesos de la contracultura, de la fertilidad –viciosa- de la mente, que entre más hallazgos realiza en el campo de la física, de la química, de la economía, del mismo modo crea otras sofisticaciones problemáticas –que van desde la sensibilidad al gluten, a la lactosa, de la necesidad de “probióticos” , a la dependencia de los productos tecnológicos: Los pañales desechables, el protector solar, el teléfono celular y aun el brassier, pasando por la seda dental, el condón o la aspirina y los purgantes- de modo que lo que antes era la aspiración a la sabiduría proveniente de nuestra propia forma de armonizar con el entorno, la naturaleza y nosotros mismos, se ha convertido en la lucha por tener acceso a saberes que cuestan dinero y a sus productos que demandan status. El término ecológico es tan simple como que se refiere a: eco-lógico; y el término verde-claro se refiere a una sofisticación que ya no es de la mente y sus excesos, sino de la estructura profunda del espíritu y su producto más notable: la economía lingüística. Nótese que el color verde es la mezcla de dos colores del espectro de luz: amarillo y azul; el amarillo del sol y el azul del oxígeno en cantidades de abundancia saludable; pero, todavía más, verde es de-ver –aunque el ver sea una aberración del Ser para el poeta- y, verde claro no necesita explicaciones. La filosofía de la ciencia dice que la ciencia es simplemente un conjunto de ficciones exitosas que, mediadas por un método y una serie de conjeturas y refutaciones –falsación- termina en una ley universal –que en el fondo y en ocasiones no lo es del todo- y un núcleo de personas que se encarga de regentar su reino –el más exitoso desde luego, después del fracaso de los profetas y el exilio de los poetas en el país de la embriaguez mental: léase confianza en el Ser y su destino-.
En el programa verde claro se ha hablado de una enfermedad que ha marcado la pauta –el poeta diría que el sino- del siglo XX: El cáncer; y sus realizadores –que no son otra cosa que domésticos investigadores, e inquietos interrogadores de ese mundo intrincado que es la sociedad, su manías y sus alienaciones- anuncian lo que en los países avanzados se está descubriendo en clave de sinceridad-léase ayuda fraterna-: resulta que el cáncer lo tenemos todos en situación potencial y sólo en algunos –que con la tecnología se convierten en muchos- deviene situación dinámica –puesta en marcha- y, se ha descubierto que muchos cánceres como el de mama y el de próstata, que son de los más comunes (y nótese que ambos tienen que ver con una actividad vital del ser humano: la reproducción y su acicate atávico, el placer), pero también se ha notado que la preocupación excesiva de los pacientes por atender a “probables síntomas” a llevado a que diagnósticos precoces sugieran u ordenen intervenciones agresivas que finalmente son los que desencadenan un verdadero desequilibrio de la salud, pues, en situaciones más o menos normales –atenta y armoniosa relación de nuestro yo, nuestros miedos y nuestras incomprensiones, con nuestros comportamientos- remitirían de un modo natural, sin intervención de quimioterapia, radioterapia, cirugía, etc.. La moral no es una ficción inútil –tampoco utilitaria, a menos que sirva para meter miedo a un grupo o para hacerse propaganda personal- del hombre con relación a su psiquis o a su espiritualidad; la moral es una serie de extrapolaciones experienciales que en el tiempo la especie ha ido asimilando en su relación con el entorno y su vivencia interior mediada ya no por el consenso, sino por la adaptación (es tal la poca probabilidad de que la moral pueda ser vista como una premisa silogística, por la poca capacidad de la especie de hacer acopio estadístico en el tiempo, que se convierte simplemente en una reacción instintiva inserta en la memoria cósmica; tanto que el filósofo interesante la llamó la casa del Ser; se le puede llamar evolución, pero eso sólo es el resultado visible de comportamientos aprendidos después que los usos han dejados de ser necesarios para convertirse en accesorios); ahora bien, es probable que la moral sea simplemente un intento de definición de una serie de comportamientos –de ahí las investigaciones éticas y que la ética sea para el poeta la moral saliendo de casa- y que de la in-moralidad también puedan deducirse una serie de definiciones que impliquen otro tipo de adaptaciones –caso nihilismo, caso drogadicción, caso neurosis, etcétera, etcétera-, pero esas son conjeturas y refutaciones que  dan sus frutos en la especie después de generaciones y generaciones de ensayo y error. La gripe, o la influenza –este nombre es también muy significativo- es de aquellas enfermedades que se podrían catalogar de males necesarios –se dice que dejar madurar una gripe es fortalecer el sistema inmune- y es tan interesante el hecho de que el virus que produce esta enfermedad sea tan singular que varía con la estación; es decir, con cada ciclo del conteo del tiempo que se ha inventado el hombre de acuerdo a todos aquellos fenómenos macro-cosmológicos que ha podido deducir y comprobar, que al poeta sólo se le ocurre pensar que es esa otra sabiduría que gravita sobre la realidad, que con cada gripe y con cada fiebre hacemos como la serpiente con su piel, sólo que nosotros dejamos la piel de lo que no entendemos para pasar a entender sin entender, es decir, adaptándonos; pero cuando las ficciones como el virus de la gripe aviar –h1n1- que finalmente vienen siendo muy reales pero como producto de excesos ratio-irracionales –léase fenomenologías o epistemologías incompletas, o simplemente anomalías-, penetran las sensibilidades espirituales –como cuando el inversor o el corredor de bolsa tiembla con las oscilaciones de la Bolsa de New York o Tokio, porque sabe que finalmente puede quedar en la ruina pero no piensa en que por más en la ruina que quede siempre habrá quién le de una mano y un plato de comida- así, es bueno ser un poco atento a la moral  y las buenas costumbres sin necesidad de ser gazmoño o tener el misal ante la vista del Satán que es el otro y lo Otro.
Los chinos y la cultura oriental en general saben y predican que los parásitos que llevamos en nuestro organismo nos ayudan-como esa parte olvidada o irracional: memoria cósmica que se encarga de hacer camino, ir tirando- a mantener nuestro equilibrio de PH, alcalino o ácido según nuestra adaptación ambiental y de ahí muchas otras operaciones que no alcanzamos a registrar. Mi amiga vino hoy a visitarme; vivo en un ambiente húmedo y de construcción antigua –diría que su PH  se ha adaptado a los procesos naturales de degradación natural y el mantenimiento que le prodigo a mi hábitat: aseo, pintura, decoración, disfrute del paisaje, invocación por cambios saludables y su lucha-; la he invitado a almorzar; la pungencia de mis potages le ha obligado a estornudar –he de aclarar que luego de que ha disfrutado de la novedad de mi cocina- siete veces, las he contado, su sistema inmune se ha puesto en acción –vive en un ambiente más seco-, pero luego he reflexionado. Según mi código cultural el siete es símbolo de perfección, pero también es el número, que comparto con ella, de los pecados capitales, sólo que mis pecados capitales –según un examen de conciencia que no ha temido contrariar la lista tradicional- son: Salud, dinero, amor, sexo, rock-and-roll, poesía y transparencia: tengo salud; el dinero no me enferma; trabajo  por el amor, pero si me llega sexo no lo desprecio; me hipnotizo con el rock-and-roll, lo que no puedo llevar a ciencia lo hago poesía, y ya que no puedo ser totalmente privado, por obra y gracia de la tecnología, no me preocupo por aparentar.         

No hay comentarios:

Publicar un comentario