UNA
MILENARIA DROGA REDESCUBIERTA
Hoy
recordé una anécdota de cuando en los inicios de la fiebre de los cyber-café,
una mujer –muy bonita por cierto- llegó a uno de aquellos lugares y al
solicitar servicio de un ordenador dijo al dependiente: «Acaso, por favor, necesite su asesoría; me pongo frente a uno de estos
y mire como me pongo»; la mujer temblaba y el asunto no era meramente
psicológico, el trasunto energético que hay detrás del asunto informacional es
tremendamente complejo y tiene que ver no sólo con asuntos de infraestructura,
sino también con el trayecto espiritual de la humanidad que ha llegado a tal
capacidad de síntesis y traslado de su voluntad creativa que la unión
espiritual de fuerzas y conocimientos instaladas en el inconsciente colectivo
siempre tienen la parte más importante, no importan los técnicos que, pioneros,
llegan siempre al campo por desbrozar.
El
asunto viene a mientes porque ésta, como cada mañana, me tomé mi droga que tomo
todas las mañanas y casi que como el café, la estoy tomando todo el día, aunque
substancialmente sólo son una o dos dosis diarias.
Tomar
mi droga es un gran ritual; primero tengo que hacerle unos pases mágicos y evocar
unas fórmulas predeterminadas; como el delantal masón o como la pintura
indígena yo tengo que investirme para la ceremonia pero normalmente estoy
desnudo. Pero es posible que la dosis de dosis del día tenga que adicionarla
con un excipiente diferente: Un día lluvioso, una preocupación, un amor en
ciernes, un deseo harto reprimido. Luego me voy a buscar el sitio donde voy a
pasar mi viaje. A veces es
simplemente la cama, entonces sé que
estoy deprimido y mi dosis me ayuda a pasar mejor. Otras veces me voy a buscar
la excelencia de un paraje verde, silencioso, con paisaje donde otear el
horizonte; regularmente llevo un libro que escomo decir me llevo uno o varios
espíritus congelados o presos en una
cárcel de papel a los cuales me puedo confiar, ya para ignorar el paraje
interior por el que atravieso, bien para pedirles indicaciones, tal vez para
charlar con ellos acerca de mis sensaciones. Cuando es un día de esos,
generalmente es un viaje exultante, día de sol radiante, flores, frutas
silvestres, mariposas, criaturas que se muestran o se presentan; quizás una
barbacoa, tal vez un buen vino. Pero hoy no fue un día de esos; hoy fue un día
en el que el ritual se me presento con una serie de inquietudes producto de la emoción que sentí
frente al computador en la madrugada, cuando en un desvelo me encontré con una
lectura reveladora que hablaba de los escritores y su relación con el tiempo
presente, pasado y futuro y como los escritores son, muchas veces unos
viajantes del futuro y/o del reino de la muerte que nos traen una flor como
prueba fehaciente de que estuvieron en ese más allá. La inquietud radicaba en
el hecho de que por la emoción de compartir las impresiones que esa lectura me causó,
se me quedaron dos o tres cosas entre el tintero para redondear la idea, no
obstante me tomé mi dosis y me fui a buscar el sitio. Pronto la droga estalló, entonces la inquietud que había
dejado refundida en un rincón de mi mente volvió a aparecer: Los escritores
muchas veces son simple compiladores cuyo don es el de absorber muchas
informaciones y conocimientos que se van refundiendo en el afán de las cosas
del mundo y su misión es dejarles a ciertos husmeadores y merodeadores pistas y
órdenes para que difundan, recuperen, transmitan ciertas necesidades de ajuste
de la realidad actual, bien de una sociedad, bien de una tribu, ora de un
individuo. El compilador que me encontré en la madrugada, también en un lapsus quizás de emoción –o de no
desandar el camino para ver que lo ha trazado bien- puso flar en lugar de flor. Entonces estalló la psicodelia de colores;
las flores son multitudinarias de colores y matices, de tamaños y formas, de
aromas y sinestesias; de pronto estoy en una marea inmensa, soy un pez pero soy
yo, y veo allí, a unos metros lo que podría ser una medusa, sus cilios
innumerables cuelgan apacible y quietamente en la marea, no sé si es lo
traslucido de ella que deja ver el color aguamarina o está vestida de color
turquesa, el caso es que su forma de hongo o de capucha no lo es del todo: su
melena de cilios está moldeada de tal modo que si fuese un cigoto o una célula
vista en un telescopio, esta estaría denunciando la aguja microscópica que
insertan en la operación de clonación o en la de inseminación artificial,
entonces veo que no es una simple aguja, es la horma perfecta de un pene; no es
una medusa, es una cabeza y el pelo está tan bellamente planchado y redondeado
al pie de la oreja, la resolución parabólica del día es la mujer que lleva doce
años con una hemorragia y una fuerza emanada de un velo la sana, la medusa
tiene la piel hoy lozana y sonrosada y, aunque es fea, está bellísima, señal de
que está ovulando y sus criaturas instintivas salen a pasear en búsqueda de la
perpetuidad de la alucinación que es la vida, casi al instante pasa, de no se
sabe dónde, un aroma sutil de la misma naturaleza rancia que la de la pobre
mujer que cuarenta y ocho horas antes me crucé en una esquina para gestionar
una cita por siquiatría, con la diferencia de que este aroma, al igual que el
propio aroma rancio, es agradable y no repugnante y entonces la música que sale
de una voz cascada como de viejo sabio diciendo: Dios en una decisión autónoma y libérrima lo quiso universo, lo que en
paisa quiere decir que se le dio la absoluta y real gana de que fuese universo,
pasa de la velocidad al vértigo; entonces
mis traviesas criaturas interiores vienen a decirme: ¡ves! F-lar; fe-del-lar porque la flor es fe-de-loor; Giordano Bruno no
estaba equivocado, o si, si estaba equivocado como tú ésta mañana, nos son
varios universos o múltiples universos, es uni-verso, es un solo verso –los
romanos llamaban versos a las eras de las plantaciones- Dios plantó un solo
verso, sólo que múltiples plantas y formas y flores de las cuales sus
direcciones son las letras; pero si tu, como esta mañana te haces con la plaga,
el cucarrón, el mosquito, la broca, que no recorre el verso sino que lo
atraviesa en el aire de su voluntad –el odio del diablo y sus fuerza de
oposición- para pasar de una dimensión a otra y ser objeto de confusión y
piedra de tropiezo, te metes en un callejón sin salida de la hermenéutica, esa
ciencia que dicta normas y métodos para que lo que aprietes dentro de tu ser,
es decir inter-pretes (acabo de
desandar el camino y el interprete del ordenador dijo dista en lugar de lo que yo dije, dicta) sea propio, sólido y común (tuyo, de razón suficiente y en
armonía con el universo).
Desde
los más antiguos tiempos, desde que la conciencia empezó a balbucear sus más
tempranos atisbos, la fuerza que se va uniendo a otras fuerzas va haciendo co-m-un-idad, común unidad ; D-orga, droga;
de la familia de organización, de organismo, de orgasmo. La fe es una droga
potentísima y provoca las sensaciones más maravillosas que se pueda imaginar el
ser humano; quizás alguien pueda decir que puede ser igual a la comunión de un
concierto con Bruce Springteen ; o
una orgía pagana al estilo antiguo, pero esa no es fe verdadera, esas son
fuerzas desatadas regularmente con la mediación de sustancias. Yo me tomo mi
dosis diarias de unas plegarias, asisto desnudo a la misa por televisión y al
medio día casi que a diario voy a ese sitio a estallar esa sensación que me
deja alucinar en paz, no me tomo la sustancia que dan allí porque la respeto casi
del mismo modo que respeto las otras sustancias, las otras sustancias las
respeto porque sé que si doy un mal paso con ellas puedo tener muy mal rato y
hasta caer definitivamente, esta sustancia la respeto porque, aunque sé que es
gratuita, no soy digno de ella, sin embargo se me permite participar ritual y
espiritualmente de ella. Pero igual que en los templos de los rituales antiguos
habían prostitutas que prestaban servicios sacerdotales y gratuitos a los
fieles para pasar luego a consultar a las pitias o al oráculo de Delfos (el del
conócete a ti mismo) estos sitios no dejan de tener su formas sustitutas
pro-institutas: Ya bajando del viaje se nos invita a participar de otro rito de
comunión en el que por un pequeño óbolo –aparte del que se debe estar
preparando para el óbolo de San Pedro
dentro de una semana- estaremos participando de la maravillosa flor musical que
nos entrega “el ciego de oro”, una
criatura que con defectos auditivos, visuales y cognitivos nos entrega su don
de superación y armonía acompañado de sus partners
que se encargan de canalizar a través de la “Fundación ciego de oro” para
niños en situación similar a la de nuestro artista.
P.S.:
Cualquier alusión o firma al Sócrates de la leyenda o al propio clásico es puro
plagio.