CARTA MARCADA
Se sentó en una mesa marcada
como una carta de naipes;
pidió milhojas
que no le parecieron frescas;
yo lo atestiguo:
husmee su olor a horno en el aire.
Tenía ciertas señas de familia
¡qué sé yo!, acné estudiantil
un rancio aroma retrechero,
la flor del deseo nadando
en un aire de venganza;
pero era grande y pulida
como la aurora en su más secreta frontera.
Restalló como un ascua sin que hubiera viento
tres palabras,
la primera en tres letras:
…te ama;
y ordenó encajar en cartón de colores
un bocado para su mascota.
La reconocí de inmediato,
era el último destello de estrella
muerta hace mil años
retratado en onda de radio.


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